Tenemos multitud de hábitos tóxicos que impregnan nuestro día a día sin que seamos conscientes. Sin embargo, el no saber renunciar a ellos tiene un gran impacto en nuestra vida.

Nuestras creencias, la forma que tenemos de ver las cosas y dejarnos llevar por la negatividad pueden provocar que seamos tremendamente infelices.

Si la amargura ha llegado a tu vida, si tienes más días malos que buenos, es el momento de echar un vistazo a las cosas que tienes.

Quizá haya unas cuantas a las que deberías renunciar, pero aún no lo has hecho.

Renunciar al pasado, el peor de los hábitos

¿Cuántas veces al día recuerdas tu pasado? En ocasiones, vivimos más en el pasado que en el presente pero no somos conscientes de ello.

El presente transcurre casi sin sentido, mientras lo llenamos con recuerdos a los que nos anclamos y que nos causan angustia, ansiedad y mucha tristeza.

No nos damos cuenta de que el ahora es lo que importa, que el pasado ha quedado atrás y que vivir en esa época ya transcurrida no nos proporciona nada bueno.

Entonces, ¿por qué seguir atormentándonos?

Porque somos muy duros con nosotros mismos, porque, si pudiésemos, cambiaríamos muchas cosas que han sucedido.

Aunque sabemos que esto es un imposible, seguimos pensando en lo que pudo ser y no ha sido, en cómo podíamos haber hecho las cosas de otra manera.

De esta manera, intoxicamos nuestro presente con amargura, no experimentándolo de forma intensa y, literalmente, perdiendo el tiempo.

Es el momento de renunciar al pasado, de vivir el presente y de dejar de lamentarnos y  de imaginarnos otra manera en la que podían haber transcurrido las cosas.

Si queremos que algo cambie, podemos hacerlo ahora.

Abandona el miedo

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El miedo lo llevamos a la espalda cada día y esto provoca que procrastinemos aquello que ansiamos hacer, que no llevemos a cabo nuestros sueños y que nos limitemos.

Esta terrible sensación ocasiona que tengamos que estar siempre pendientes de la aprobación de los demás, para sentirnos seguros de que estamos haciendo lo correcto y que los demás están de acuerdo con ello.

No nos ponemos más que barreras, unas tras otras, que, llegado el momento, empiezan a asfixiarnos de tal manera que nos conducen a la depresión.

Cuando el miedo nos atrapa por completo, entonces empezamos a responsabilizar a los demás de lo que nos ocurre, sintiéndonos víctimas, evitando tomar las riendas de nuestra vida.

No obstante, continuamos perdiendo el tiempo y evitamos, por propia voluntad, saborear la vida mientras esta pasa sin sentido ante nuestra segurísima zona de confort.

No es cuestión de mala suerte. Tampoco es que el mundo esté en contra de ti. Es el hecho de no tomar decisiones, de esconderte en vez de mirar al miedo a los ojos y traspasarlo.

Si lo haces, te darás cuenta de que durante mucho tiempo has tenido miedo de una mera ilusión.

Deja de pensar tanto en los demás, ¡priorízate!

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No es egoísmo pensar en ti, decir “no” si te apetece o poner excusas para quedar bien porque tu sinceridad podría causar problemas.

Es hora de renunciar a estar siempre pendientes de que los demás estén bien, mientras nosotros nos desgastamos y nos desvivimos por quienes después no nos corresponden de igual manera.

Ya es el momento de desapegarnos emocionalmente de los demás para sentirnos libres y notar que nuestra felicidad no depende de nadie más que de nosotros.

Démonos cuenta de podemos elegir nuestro estado emocional sin que este esté influenciado por cómo se sienten los demás.

Basta de juzgar a los demás por sus actos, cuando deberíamos girar la vista hacia nuestra propia vida y empezar a hacernos responsables de la misma, observando todas aquellas cosas que nosotros hacemos, pero criticamos de otros.

La felicidad está a un paso de renunciar a diversas cosas que hacemos de forma cotidiana y que nos condenan a una vida llena de disgustos y sinsabores.

¿A qué estás dispuesto a renunciar tú para ser un poco más feliz hoy?


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