A diferencia de lo que suele decir la sabiduría popular, el tiempo no tiene la facultad de hacer que los malos recuerdos se borren o que las experiencias complicadas se resuelvan por sí solas con los meses o los años.

El tiempo no es un agente pasivo que actúa como un borrador eliminando aquello que no nos agrada. Esto es así porque el paso de los días va unido a nuestra mente y, en especial, a nuestra forma particular de gestionar la realidad.

Una mente que se obsesiona con los hechos traumáticos será incapaz de avanzar aunque pasen 5 o 10 años. Cuando nos aferramos a algo, el tiempo, sencillamente, no transcurre.

Es necesario entender que lo que sí van a hacer las hojas del calendario, a medida que se sucedan las unas a las otras, es poner cada cosa en su lugar.

Lo que hizo daño debe quedarse en el pasado, sin molestar. Lo que es importante, lo que nos da fuerza, energía y felicidad, debe acompañarnos cada día a lo largo de nuestros senderos vitales.

Hoy en nuestro espacio queremos darte unas estrategias sencillas para que hagas de tu memoria tu mejor salvavidas. Tu mejor arma de poder para sanar tus heridas.

El tiempo y la memoria, los mejores escultores

Nos dicen los expertos en memoria y neurociencia que cuanto más evocamos un recuerdo más lo modificamos. Con ello no queremos decir en absoluto que lo cambiemos, que variemos por completo esa imagen original.

Lo que ocurre es que, cuanto más nos aferremos a una imagen del pasado, ya sea buena o mala, más se intensifica su emocionalidad y más nos afecta. Más modifica nuestro presente.

Pongamos un ejemplo, el más clásico: una ruptura sentimental. A pesar de que hayan pasado 5 o 10 años, seguimos volviendo a esos días del ayer, lamentándonos, tal vez, de no haber luchado lo suficiente, o de no haber llegado a ser lo que la otra persona esperaba.

  • Cuando nuestra mente empieza a aferrarse a un punto muy concreto de nuestro pasado dejamos de invertir en nosotros mismos de forma plena y saludable.
  • El pasado ya no es un escenario sobre el cual iniciar nuestras batallas, donde invertir nuestro esfuerzos. El pasado no está, no existe. En cambio, el aquí y ahora es lo que se puede ver y tocar.
  • Es necesario poner cada cosa en su justo lugar. Es el propio tiempo quien nos debe ayudar a ello, conjugado además con nuestra voluntad y saber hacer.

Cada persona en su merecido lugar, cada recuerdo en su necesitado momento

Las personas nos pasamos el día recordando cosas. Somos el resultado de nuestras experiencias, de nuestras educaciones, de nuestras sociedades y de nuestras propias emociones y valores, esos que hemos ido integrando en nuestra mente al cabo de los años.

Podríamos decir que es el propio tiempo quien nos ha ido moldeando. No obstante, esta imagen daría un resultado de nosotros algo pasivo.

Porque, en realidad, lo que somos a día de hoy se debe a todas las interpretaciones que nosotros mismos hemos hecho de cada cosa que hemos visto y vivido. No somos agentes pasivos.

  • Un mismo hecho vivido por dos personas al mismo tiempo se experimenta de forma distinta.
  • Es común, por ejemplo, que dos hermanos criados en un mismo ambiente familiar recuerden las cosas de diferente modo.
  • Si alguno de los dos se aferra a un hecho traumático de forma permanente, sin afrontarlo, su vida estará anclada al pasado hasta el punto de perder el presente.
  • Mientras tanto, el otro hermano, por ejemplo, puede muy bien superar aquel hecho gracias a una actitud más combativa, esa que es capaz de dejar en su justo lugar determinados hechos del ayer, superándolos para construir el presente con mayor integridad, con resiliencia y valentía.

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Usa la memoria como trampolín, no como sofá

El tiempo no cura si nosotros no buscamos las medicinas. El tiempo no edita los malos momentos para transformarlos en buenos. El tiempo se dedica solo a descorrer los días, los meses, los años…

  • Somos nosotros quienes hemos de llenar la vida de movimiento, de instantes significativos, felices y plenos. Por ello, es necesario hacer uso de la memoria como trampolín, no como sofá.
  • Si algo te hizo daño en el pasado, no almacenes rencor, no odies. Sé capaz de cerrar esa herida para centrarte en lo importante: vivir, ser feliz.
  • Si te alimentas de nostalgias, de ese bienestar que tuviste en el ayer, estarás unido a un “yo” que no es real. Lo que importa es el aquí y ahora y “tú yo actual”, ese que debes mimar y atender cada día y en cada momento.

Que la memoria sea siempre un incentivo, el motivo por el cual luchar por tu presente.


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