Dicen que los suspiros son las respuestas que un día quedaron en el aire. E incluso que muchos de ellos encierran más amor que cualquier beso.

Sin embargo… ¿Qué hay de realidad tras estas bucólicas frases? Resulta curioso cómo tanto el mundo de las emociones como la literatura e incluso la psicología popular han construido alrededor de los suspiros una imagen marcadamente romántica.

No obstante suspirar es algo más que un acto catártico donde dejar ir ese estrés almacenado. Ahí donde aliviar esa pena escondida, ese recuerdo que aún nos duele.

Porque si las personas suspiramos se debe a una razón muy concreta: para no morir.

Hoy en nuestro espacio queremos explicarte qué función tienen los distintos suspiros que forman parte de nuestra vida cotidiana.

Estamos seguros de que te va a ser de gran utilidad.

Los suspiros forman parte del ciclo de la vida

Lo hacemos sin darnos cuenta. Es posible que no percibas ni uno solo de ellos, pero al cabo de una hora emitimos hasta 12 suspiros. Es, sin duda, algo increíble, puesto que durante esas 12 veces, tu cerebro te ha salvado la vida sin que lo sepas.

A continuación, te lo explicamos en detalle.

Los botones de suspiros de nuestro cerebro

Según un estudio publicado en la revista Nature, nuestro cerebro es quien decide qué tipo de respiración necesitamos en cada momento.

Ahora bien, dentro de este maravilloso “ordenador central” quienes lo deciden en realidad son dos grupos de neuronas.

Los encargados de este estudio decidieron en su día llamar a este curioso grupo de neuronas “botones de suspiros”.

Este nombre tan evocador responde en realidad a un mecanismo perfecto. Lo podemos describir de la siguiente manera:

  • Hay momentos en que nuestros alveolos se colapsan.
  • Cuando esto ocurre, la capacidad de nuestros pulmones para intercambiar oxígeno por dióxido de carbono no puede llevarse a cabo de forma tan eficaz.
  • Estos dos grupos de células nerviosas, los llamados “botones de suspiros”, perciben de inmediato este pequeño desajuste y “acuden en su ayuda”. Son dos pequeñas estructuras alojadas en nuestro tallo cerebral.
  • Seguidamente, nos dan la orden de suspirar para poder abrir los alveolos y permitir así que entre doble del volumen convencional de oxígeno que en una respiración normal.
  • Este mecanismo es algo que realizamos de forma inconsciente, no nos damos cuenta de ello. Sin embargo, y tal y como hemos señalado antes, lo hacemos unas 12 veces cada hora, reiniciando así el ciclo de la vida.

Los suspiros emocionales

Ahora ya sabemos que, efectivamente, suspiramos para no morir. Este acto biológico y esencial para nuestra supervivencia define y explica los suspiros involuntarios.

Sin embargo, el ser humano se caracteriza también por los llamados suspiros emocionales o voluntarios. Los podemos describir del siguiente modo:

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  • Un suspiro es una catarsis emocional ante una situación de estrés o de frustración.
  • Muchas personas dejamos escapar largos suspiros cuando algo no nos sale bien. Cuando intentamos hacer, por ejemplo, algún esfuerzo manual o mental y el resultado no es el esperado.
  • Asimismo, los suspiros son “esas chimeneas” por donde dejar ir la pena, el desconsuelo. Ese aire que nos sobra por la persona que nos falta.
  • Este dato es tan curioso como interesante: Karl Teigen es un célebre científico de la Universidad de Psicología de Oslo (Noruega), experto precisamente en los “suspiros emocionales”.
  • Según sus trabajos, un suspiro nos ayuda también a empatizar con alguien. Cuando escuchamos suspirar a algún amigo o familiar, interpretamos este gesto como una emoción negativa.

Como una señal de que debemos conferir apoyo.

Tanto es así que, según el doctor Teigen, el suspiro emocional responde también a un instinto para unir vínculos con nuestro grupo social.

Suspira hondo, relájate

Como ya sabemos, nuestro cerebro se encarga por sí mismo de permitir que sobrevivamos. Ahora bien, de ello se deduce, además, que el ser humano puede llevar a cabo diversos tipos de respiración en función del momento y la necesidad.

Enfoques como el mindfulness o el yoga nos enseñan también diversos tipos de respiraciones voluntarias y controladas con fines muy concretos:

  • Ayudarnos a estar más presentes.
  • Para combatir el estrés y cuidar de nuestra salud.
  • Para meditar y tomar conciencia de nuestro yo y nuestras necesidades.

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Por nuestra parte, te recomendamos lo siguiente: aprende a suspirar.  Porque en cada suspiro dejas ir tensiones, preocupaciones y, además, renuevas ese “ciclo interno de la vida”.

Toma nota de lo que deberíamos hacer una vez al día durante 20 minutos:

  • Buscar un lugar tranquilo donde descansar mentalmente.
  • Sentarnos con la espalda erguida.
  • Llevar el pecho hacia delante y descansar nuestras manos sobre el regazo.
  • Tomar aire profundamente por la nariz, hasta contar 4 segundos. Retenerlo cuatros segundos más y, seguidamente, lanzar un largo y sonoro suspiro que dure 7 segundos.

Una vez empieces a hacer de este sencillo ejercicio algo cotidiano, tu cuerpo y tu mente lo van a notar.


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