En medio de un mundo donde el progreso se mide a través del trabajo, la producción y el PIB, Bután sale de la norma al ser considerado el país más feliz del mundo y también el que menos contamina su medioambiente. Ello pese a que vive rodeado de dos gigantes: China e India, ambas naciones con altos índices de polución.

Bután es un oasis. Perdido entre las cumbres del Himalaya y con solo 750 mil habitantes, el país prioriza el bienestar de sus ciudadanos con una serie de políticas que apuntan a ser autosustentable.

Las más evidentes: el 72% de su superficie está ocupada por bosques, cuya tala para la exportación está prohibida, y las masivas plantaciones de árboles que realizan cada cierto tiempo. La última fue la celebración por el nacimiento del hijo del Rey Dragón, ocasión en que las 82.000 familias censadas en Bután plantaron un árbol.

En Butan siembran 108.000 árboles en un solo día, y no sólo por ecología, la razón no te la imaginas…

Cada año el país produce 1,5 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), mientras que sus árboles son capaces de absorber seis millones, según la compañía especializada Proudly Carbon Neutral. Ello ayuda a reducir la contaminación a nivel mundial.

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Otro aspecto que refleja su consciencia medioambiental es el acuerdo al que llegó el Ejecutivo butanés con la marca de autos Nissan. La idea es abastecer la flota oficial solo de autos eléctricos, partiendo por los taxis.

Para 2020, su objetivo consiste en producir toda su comida de manera ecológica y, para 2030, reducir a cero sus gases de efecto invernadero.

EcoWatch