Sin alguien que la ponga en peligro día tras día, la naturaleza ofrece, a todo aquel que lo desee disfrutar, espectáculos dignos de ser observados al menos una vez en la vida. Hipnóticos, sacados de una imagen casi onírica, hay eventos que nos dejan con la boca abierta, como al ver olas emitiendo una luz azul casi eléctrica chocando contra una playa.

Esa luz no proviene de la propia agua, sino de un tipo de algas que en ella viven. Esta bioluminiscencia es producida por la noctiluca, más conocida por chispa de mar. Esta alga es de la familia de los dinoflagelados marítimos y se alimenta de plancton.

Se puede encontrar en casi todo el mundo, habitualmente a lo largo de la costa y en las zonas poco profundas de la plataforma continental, zona que recibe mucha luz, necesaria para el crecimiento del fitoplancton.

Estas algas no siempre brillan. Su bioluminiscencia tiene lugar tras movimientos bruscos del agua, como pueden ser las olas rompiendo en la costa. Esta es su manera de protegerse al sentirse atacadas o en peligro.

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Estos seres procesan los movimientos bruscos como el ataque de su depredador, los crustáceos microscópicos. Al brillar, atraen a peces mayores que son capaces de comerse a estos crustáceos.

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¿Cómo se produce esta luz? Como resultado de una reacción producida por la luciferina (una sustancia bioquímica), reaccionando con el oxígeno y gracias a la luciferasa, una enzima presente en este tipo de algas.


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