Algunas sociedades toman la queja como si fuera un deporte nacional, pero sólo quejarse sin hacer algo al respecto no suele conducir a ningún lado. Está en la misma definición de la palabra “queja”, que denota dolor, sufrimiento o algo quebrado: quejarse es predisponerse a sufrir.

Habiendo notado esta característica negativa de la queja Thierry Blancpain y Pieter Pelgrims organizaron el proyecto Complaint Restraint, el cual llama a dejar de quejarse durante todo el mes de febrero –el más corto, para que sea más fácil. Este par de amigos suizos notó, como era de esperarse, que las personas que participaron en esta prueba reportaron ser más felices y vivir una vida más positiva.

El proyecto empieza con el compromiso de la persona interesada en dejar de quejarse y una vez que comienza el mes, el sitio le envía una serie de recordatorios amigables no demasiado frecuentes. La idea es que durante este mes los participantes dejen de irritarse por las cosas que no pueden cambiar, “el bebé del vecino que llora, el fin de semana lluvioso”. Es decir, acontecimientos que al atrapar nuestro foco solamente nos hacen perder energía y, de hecho –si somos muy quejumbrosos y no tenemos control de nuestra mente, incluso nos pueden llevar a la enfermedad, como ha teorizado el doctor David Kessler en su libro Capture. Blancpain señala que quejarse de esto no es muy inteligente, ya que si tenemos lo básico para la existencia no tenemos verdadera razón para quejarnos. En esto coinciden los budistas que hablan de “la preciosa existencia humana” y diversas filosofías que mencionan la importancia de tomar responsabilidad de la propia existencia.

La convocatoria lleva haciéndose ya 3 años, incrementando su quorum cada año. La iniciativa,como publica El País en esta nota, ha generado una serie de insights no sólo sobre los beneficios de no quejarse por las cosas que no podemos cambiar sino también sobre una forma de lidiar con la mente y controlar las emociones.


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