Golpe de timón

María del Rocío Pineda Gochi

Se han cumplido poco más de ocho años de la crisis financiera y económica de 2008 que estremeció al mundo —con una intensidad nunca antes vista después de la gran depresión de los años 30— al poner en jaque los modelos y paradigmas económicos que guiaron los procesos de globalización del sistema financiero internacional y encontraron su punto de quiebre con las denominadas burbujas financieras e hipotecarias, cuyas repercusiones y efectos aún perduran.

El impacto en los países latinoamericanos y caribeños se manifestó, principalmente, en la caída del volumen del comercio internacional, devaluaciones reales de las monedas y en un marcado deterioro de los términos de intercambio de los productos básicos. Estos efectos negativos pudieron ser contenidos por las medidas responsables como la acumulación de reservas, el mantenimiento de niveles bajos de endeudamiento público externo y la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, a pesar de periodos de auge de los precios internacionales de los energéticos —principalmente los del petróleo— tras la caída del precio del crudo en el 2014, se han generado una alta volatilidad y un complejo entorno económico que afecta a la economía mundial y, por ende, a los países de la región.

En octubre, el FMI redujo por segunda vez en el año su proyección de crecimiento para las economías de América Latina y el Caribe, y pronosticó una contracción de 0.6 por ciento para el cierre de 2016. Se pronostica que países como Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Trinidad y Tobago y Surinam experimentarán contracciones tanto en este año como en el próximo. Cabe destacar que República Dominicana será el país con mayor crecimiento este año, con una tasa de 5.9 por ciento, seguido por Panamá, Nicaragua, Costa Rica y México.

Por su parte, la CEPAL provee una contracción promedio de -0.9 por ciento en América Latina y el Caribe para este año y para 2017 estima un repunte en la dinámica económica con un crecimiento promedio de 1.5 por ciento. Aunque se esperan mejoras en los precios de las materias primas en el próximo año, seguirán prevaleciendo las diferencias entre países y subregiones. Sudamérica registrará un crecimiento de 1.1 por ciento; en Centroamérica se espera una tasa de crecimiento de 4.0 por ciento; en el Caribe un crecimiento promedio de 1.4 por ciento; y en México las proyecciones son 2.6 por ciento.

Pese a un escenario favorable, el común denominador de los países latinoamericanos y caribeños es que seguimos siendo productores y exportadores de materias primas, y que cualquier variación en los precios internacionales de los commoies, energéticos y metales nos seguirán afectando. Ante esta uación los gobiernos están obligados a reflexionar sobre la posibilidad de cambiar de paradigma económico, y de establecer un nuevo modelo económico regional sostenible.

La pauta la ha dado la propia CEPAL, en su propuesta “Horizontes 2030” refiere que el modelo de desarrollo de la región es insostenible y que es necesario un cambio estructural progresivo donde se aumente la participación del conocimiento e innovación, se garanticen el crecimiento económico inclusivo y sostenido, que promueva la creación de empleos de calidad con derechos, y que se asocien a sectores que impulsen la producción de bienes y servicios ambientales.

En el mismo sentido, en el Foro Económico Mundial sobre América Latina 2016 se analizó cómo debería ser el nuevo modelo y una posibilidad es mediante el fortalecimiento de los sectores emergentes de alto potencial y el aceleramiento de la transición industrial en un ecosistema post-commoy. Ante estas propuestas, los debemos empezar a poner sobre la mesa, si es oportuno dar un golpe de timón e instrumentar un modelo económico que garantice desarrollo para los países de esta región.

 @RocioPinedaG

Secretaria de la Comisión de Relaciones Exteriores de América Latina y el Caribe del Senado de la República

 

Fuente: http://www.siempre.com.mx/2016/12/nuevo-modelo-de-crecimiento-para-al/