Para muchas personas, nada de lo que hagas estará bien y te harán sentir como un fracasado profesional sin serlo. Son situaciones muy destructivas, en especial, si quien nos somete a su vara de medir es nuestra familia o nuestra propia pareja.

Estos perfiles de personalidad tienen un objetivo muy concreto: tenernos bajo su poder y sus estrictos esquemas de comportamiento y de valores.

Lo creamos o no, este tipo de dinámicas relacionales abundan muchísimo en todos nuestros entornos. Siempre hay un familiar, un amigo o un compañero de trabajo para los cuales, hagamos lo que hagamos y digamos lo que digamos, nunca estará bien. Nunca acertamos.

Lejos de entender nuestra vida en función de cómo reaccionen los demás, es necesario romper lo antes posible este vínculo inútil de sufrimiento.

A continuación, te explicamos cómo hacerlo.

Nada de lo que hagas estará bien para muchos: 3 pasos para la liberación

La práctica de la apertura emocional, de la escucha activa o de la reciprocidad, no es algo que abunde demasiado.

Tanto es así, que hay que entender que las personas somos tremendamente complicadas, y que no todos entendemos de igual modo eso llamado “respeto”.

Detrás de cada uno de nosotros se hallan además infinidad de dimensiones que debemos tener en cuenta.

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  • Los miedos: Esas actitudes limitantes que, en ocasiones, hacen que deseemos controlar a los demás para no perderlos.

Ahora bien, es común, además, que el miedo nos obligue a humillar a quienes nos rodean para así obtener poder. Para reafirmarnos y disimular aquello que nos aterra: que se den cuenta de lo baja que está nuestra autoestima.

  • El modo en que hemos sido educados. Este es un aspecto fundamental. El crecer sin un vínculo sano que nos ofrezca seguridad, sin alguien que nos enseñe qué es el respeto, hace a su vez que carezcamos de adecuadas estrategias personales y afectivas.
  • Nuestros intereses personales. También nuestros egoísmos y aspiraciones. A veces, no importa cómo nos hayan educado. Hay quien desea controlar a todo su entorno, y establecer un juego de poder centrado en su propia persona.

Todo ello nos demuestra algo muy sencillo. El ser humano es muy hábil llevando armaduras. Nadie sabe lo que se esconde tras estos caparazones tan gruesos.

Sin embargo, cuanto más dura es la armadura, más complejo es el ser que hay debajo.

A continuación, te explicamos cómo defendernos de esas personas para las cuales, hagas lo que hagas, nada está bien.

Tus prioridades no son mis prioridades

Estamos seguros de que, en algún momento, habrás experimentado lo siguiente. De un día para otro te das cuenta de que, lo que tú valoras, el resto lo desprecia. Si tú eliges, por ejemplo, ser vegetariano, tu familia ironiza con esa elección.

Si llegas a casa con una nueva pareja, te reprochan que “tú mereces algo mejor”. Lejos de sentirnos humillados, hay que entender varias cosas:

  • Cada persona tiene una visión diferente del mismo concepto. Sin embargo, hay quien lejos de respetar y permitir “ser” lo que uno quiera a sus semejantes, opta por imponerse. Por pensar que su verdad es mejor que las demás.

No es lo adecuado. Así pues, cada vez que te dejes atrapar por estas situaciones, entiende varias cosas:

  • No somos satélites orbitando alrededor de un planeta: somos personas libres con derecho a vivir en nuestros propios universos, con dignidad.
  • Nadie tiene derecho a imponerte cómo debes ser feliz.

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Lo que me hace feliz está bien para mí

Si eso que haces, que dices o que defiendes te hace feliz, nada más importa. Tus elecciones te definen y cada paso que das teje un camino que solo te pertenece a ti, a nadie más.

  • Por tanto, tenlo claro, si los demás no aceptan o critican tus elecciones, es su problema, no el tuyo. Quien vive en tu propia piel eres tú, no los demás. Es necesario tomar conciencia de nosotros mismos y de nuestras necesidades.
  • Si vivimos solo para complacer o para ajustarnos a lo que el resto espera de nosotros, nuestra vida no tendrá sentido. Construir la propia felicidad requiere valentía, requiere conocernos y luchar por aquello que merecemos.

La vida es demasiado corta para vivir como otros quieren

Podemos hacer algo mal, no hay duda, y quienes nos quieren nos ayudarán a mejorar. Sin embargo, quien corrige, sanciona cada día, humilla y ridiculiza no ayuda, destruye.

  • Si a tu lado tienes a alguien que actúa de este modo entiende que no va a cambiar. Es muy difícil que quien no es capaz de empatizar o de actuar con reciprocidad cambie de un día para otro.
  • No nos queda más remedio que ser conscientes de algo esencial: la vida es demasiado corta para ser infeliz. Priorízate. Si para esa persona nada de lo que hagas está bien, acéptalo y aléjate.

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Tú sabes que las cosas sí las haces bien, porque las haces a tu manera y de acuerdo a tu personalidad y valores. Que nadie rompa este equilibrio, que nadie se atreva deshilachar tu autoestima.


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