¿Eres una persona a la que los demás acuden en busca de consejos? Entonces, seguro que sabes escuchar muy bien a los demás, que empatizas mucho con ellos.

Es más, siempre estás ahí para tenderles una mano en el momento en que lo necesiten.

Pero… ¿qué pasa contigo? ¿Alguien está ahí cuando tú necesitas ayuda? A veces, no somos conscientes de que pensamos antes en los demás que en nosotros mismos y este es un grave error.

Porque solo ayudándonos a nosotros mismos podremos auxiliar a otros.

¿Por qué priorizas a los demás?

Tiendes siempre a pensar en los demás antes que en ti. Siempre estás ahí, atento por si alguien te necesita, ¡disponible en todo momento! Sin embargo, no obtienes una recompensa a cambio.

Esto tiene un nombre y se llama “baja autoestima“. Te infravaloras tanto que consideras que las otras personas son más importantes que tú.

Por eso nunca piensas en ti. Y es que desde bien pequeños nos han enseñado que hacerlo es un acto de “egoísmo”. Tú quieres ser alguien generoso, alguien a quien los demás valoren y quieran por esto.

Si te das cuenta, buscas la aprobación de los demás, porque tú mismo te desapruebas. No te das permiso para pensar en ti, para decir “no” si así lo deseas.

Tienes una perspectiva tan negativa sobre ti que proyectas en los demás aquello que te gustaría recibir: atención, alguien que te escuche, que esté ahí para ti y que te quiera.

Sin embargo, jamás podrás encontrar a alguien así, porque antes debes prestarte atención, escucharte, estar ahí para ti y quererte.

Solo cuando seas capaz de darte todo lo que mereces, podrás encontrar a personas que te correspondan de la misma forma en la que tú actúas.

Aplica los consejos que das y tu vida mejorará

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Los consejos que le das a los demás, pueden ser una gran enseñanza para ti, para mejorar tu vida y sentirte mucho más pleno y feliz.

Por ejemplo, imagina que siempre das consejos sobre personas que se apegan demasiado a sus parejas o que se dejan maltratar por ellas.

Tú lo ves claro, aconsejas a la personas; en cambio, mientras lo haces, te das cuenta de que tú cometes el mismo error.

¿Por qué no lo aplicas en tu vida? Porque te infravaloras y porque crees que el hecho de que a ti te pase no es importante, pero sí que los demás estén tristes e infelices por eso mismo.

Qué incoherencia, ¿verdad?

Empezar a darte el valor que mereces. Es tan sencillo como empezar a tomar decisiones y a cambiar tu vida en torno a los consejos que das.

Deja de pensar que no te lo mereces. Fíjate en las demás personas que quieres, ellas sí se lo merecen ¿verdad?

Pues ponte en su lugar, mírate desde la perspectiva de ellas. Te darás cuenta de que tú también.

El camino hacia la felicidad

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Solo tenemos una vida, y experimentarla amargados, volcándonos en otras personas, mientras nos flagelamos con malas decisiones e incumpliendo nuestros propios consejos no es algo inteligente.

La baja autoestima es fruto de experiencias que han quedado en el pasado, pero ahora estamos en el presente y eso es lo único que importa.

¡Olvidémonos por un momento de esos pensamientos que nos trasladan hacia atrás!

Practicar mindfulness, meditación o yoga puede ayudarnos a conectar con nosotros mismos y a actuar, pensar y aconsejar con plena coherencia.

Porque cuando estamos en coherencia todo fluye y el equilibrio se instaura en nuestras vidas, provocando que experimentemos lo que muchos denominan “felicidad”.

No te limites por situaciones que han quedado atrás y tampoco condiciones tu futuro anclándote en ellas. El ahora es lo que importa, tú importas.

Quizás sea el momento de que dejes de ayudar tanto a los demás y empieces a ayudarte un poco a ti mismo.

Créenos, no es egoísmo. A esto se le llama “amor propio”.


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