Desear a cada una de las personas que nos rodean que todo lo bueno les encuentre y les abrace no es algo común.

En primer lugar, porque, a menudo, preferimos aquello de “que todo te vaya bien pero no mejor que a mí”.

El deseo noble, puro y desinteresado no se ve cada día. Las personas nos inclinamos más por desear todo lo mejor para nosotros mismos y para las personas más cercanas, a las que más queremos.

Ahora bien… ¿Por qué nos cuesta tanto propiciar este tipo de pensamientos y deseos a todo el mundo por igual, nos caiga bien o no?

Algo que deberíamos tener muy en cuenta es que muchos de nuestros deseos, nuestros actos, de nuestras palabras y comportamientos tienen consecuencias.

Lo mismo ocurre con los deseos.

Un deseo es la visualización de una voluntad y, a su vez, un anhelo de acción. Si yo deseo que todo lo bueno le acompañe a alguien, haré también todo lo posible para que así sea, y lo haré con convencimiento, porque así lo siento.

Los buenos deseos, por tanto, nos enriquecen como persona. No cuestan nada y hacen mucho, porque transforman nuestro pensamiento y eliminan de nuestra mente muchas cargas y enfoques negativos.

Te proponemos reflexionar sobre ello.

Lo bueno que encierran los pensamientos positivos

La clásica idea de que “cosechamos aquello que sembramos” siempre tiene una base de realidad.

Ahora bien, lejos de ver esta concepción como algo determinista, hemos de asumirlo más bien como que cada acto tiene su consecuencia.

Cultivar cada día pensamientos positivos es sinónimo de salud. No hablamos de temas espirituales ni de practicar la bondad de forma arbitraria, solo porque así nos lo manda un determinado enfoque religioso o espiritual.

  • Tener pensamientos positivos es enfocar la vida de un modo más acertado. Si yo deseo que todo lo bueno le acompañe a mi familia y amigos, demuestro que los quiero y que me preocupo por su bienestar.
  • Ahora bien, el problema auténtico llega cuando hay quien le “desea lo peor” a alguien que detesta. ¿Qué sentido tiene? ¿Qué ganamos con ello? Quien disfrute viendo los fracasos de aquellos que no  encajan con sus valores demuestra cierta inmadurez.
  • En cierto modo, basta con recordar las etapas del desarrollo moral en los niños que enunció Lawrence Kohlberg.

Para las criaturas de 6 o 7 años solo existe un código moral y es aquel donde solo “los que me caen bien merecen lo mejor y los que me caen mal deben ser castigados”.

Este enfoque no construye, no es digno ni cívico. Las personas no tenemos obligación alguna de llevarnos bien con todo el mundo. Ahora bien, el no llevarte bien no implica desear a nadie el fracaso o la infelicidad.

Es mejor desearles lo mejor y todo lo bueno en sus caminos personales. Mientras, nosotros nos dirigiremos por otros, esperando no coincidir, pero teniendo buenos deseos para todo el mundo.

Lo que haces, piensas y deseas siempre vuelve hacia ti

Algunos lo llaman la “ley de la causalidad”, otros, “efecto bumerán“. Estos términos se traducen en algo fácil de entender.

  • Mis actos y pensamientos siempre tienen consecuencias. Una palabra dicha en mal momento puede hacer que una persona que amamos se aleje.
  • Desearle algo malo a alguien puede hacer que, a largo plazo, otras personas nos abandonen porque somos rencorosos, porque esos malos deseos incomodan y dicen mucho de quien los tiene.
  • Cada una de las cosas que hacemos, decimos o que deseamos dejan huella en nuestros entornos. Así pues, recuerda, antes de hablar piensa que efecto pueden tener las palabras.

Antes de hacer algo piensa en las consecuencias, y ante todo, desea todo lo bueno a quienes te rodean. Es como sembrar semillas de nobleza que te enriquecen a ti como persona.

abrazo

Eres libre para crear tu futuro

Buda nos decía aquello de que “si quieres conocer tu presente mira tu pasado, porque ese es el resultado, pero si quieres conocer tu futuro, atiende tu presente, porque ahí estará la causa”.

  • Esta idea se traduce en algo tan simple como sabio. Somos seres libres y arquitectos de nuestra realidad. Cada cosa que hacemos tiene unas consecuencias, como ya sabemos, y es así como, poco a poco, vamos modelando nuestro futuro.
  • Solo con desear todo lo bueno a quienes te rodean estás dando forma a tus emociones, a tu modo de entender la vida.

Un enfoque que se basa en la reciprocidad y en el reconocimiento de los demás nos abre la mente y nutre nuestro corazón.

A su vez, quien construye entornos basados en la positividad y la empatía, gana en bienestar emocional. Todo ello nos permite construir un futuro mucho más esperanzador y positivo para todos.

Vale la pena tenerlo en cuenta.


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