Hemos sido educados en la creencia de que las emociones negativas solo nos pueden provocar dolor, frustración, ansiedad, miedo, estrés, lágrimas y toda una sucesión de sentimientos igual de negativos.

Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Son las emociones negativas tan negativas como parecen?

¿Tenemos que estar siempre contentos?

Creemos que para ser felices debemos estar siempre contentos, pero esto no es algo natural. ¿De verdad alguien puede estar siempre contento? ¿Por qué en la felicidad no entra pensar en las emociones negativas?

Dentro de la felicidad se encuentran las emociones negativas, algo que consideramos como algo malo, pero que en realidad no es así. Las emociones negativas son necesarias. 

¿Te imaginas si todos fuéramos siempre muy felices? Entonces, habría momentos en los que no sabríamos si estamos haciendo las cosas bien o mal.

No tenemos que estar siempre contentos, tenemos que saber aceptar nuestras emociones, tanto negativas como positivas. Nuestro problema es que tendemos a rechazar esas emociones negativas con las que no sabemos lidiar porque tenemos miedo, porque tendemos a escapar de ellas.

Nunca rechaces tus emociones negativas porque, como veremos, tienen también su parte positiva. El problema es que las emociones negativas nos hacen sentir mal y consideramos que esto ¡no es bueno!

De lo que no somos conscientes es que esto es precisamente lo que nos hace humanos.

Las verdaderas emociones negativas

Metiéndonos de forma profunda en las emociones negativas, es importante que sepamos distinguir aquellas emociones que son “normales”, pero que terminan derivando en una verdadera emoción negativa.

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Esto pasa porque, a veces, nos dejamos llevar por una emoción que consideramos negativa y que, sin querer, se nos va de las manos. Ahora vamos a ver una serie de emociones “negativas”, pero normales, que derivan en otras más preocupantes y graves.

Preocupación y ansiedad

La preocupación es una emoción normal, para nada negativa.

Es un sentimiento que surge cuando algo nos importa, cuando sucede algo que está marcando nuestra vida o cuando tenemos que tomar una decisión y no sabemos si la vamos a escoger bien o mal.

El problema es cuando esa preocupación se nos va de las manos y pasa al otro nivel, a la ansiedad.

Cuando la ansiedad aparece significa que no le estamos poniendo solución a eso que tanto nos preocupa, algo mal estamos haciendo. Debemos cambiar nuestra forma de actuar y de reaccionar.

A lo mejor nos estamos preocupando por algo que no deberíamos y eso nos está generando una gran ansiedad.

Tristeza y depresión

Estar tristes es algo normal, ya que podemos tener un día algo melancólico o estar más sensibles.

Pero, ¿qué ocurre cuando esa tristeza se extiende durante un largo periodo de tiempo? ¿Qué ocurre cuando algo nos ha afectado tanto que nos provoca una falta de autoestima muy grande y hace que nos desvaloricemos? Aparece la depresión.

Enfado con uno mismo y culpabilidad

Muchas veces nos enfadamos con nosotros mismos porque hemos querido hacer las cosas de otra manera pero no nos ha salido, o hemos dicho algo que no deberíamos. No obstante, es muy diferente enfadarse con uno mismo que culpabilizarse.

La culpa es algo muy negativo. Mientras que del enfado aprendemos, de la culpa nos volvemos más inseguros y empezamos a desvalorizarnos. Nunca debemos irnos al extremo de la culpa porque esto no nos aporta nada.

Enfado e ira

El enfado es algo totalmente normal, una reacción natural ante algo que no nos gusta.

Cuando pasamos a la ira ya estamos en otro escenario diferente. Con la ira devaluamos a la otra persona y, mientras que el enfado puede hacernos que descarguemos tensión, la ira nos provoca mucha tensión emocional y mental.

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Muchas emociones normales acaban tornándose negativas porque no sabemos gestionarlas de la forma correcta. A pesar de esto, también sucede que confundimos muchas veces el enfado con la ira o la tristeza con la depresión.

Las emociones que consideramos negativas, a veces, son completamente normales y necesarias. Imagínate si no nos preocupásemos o si no sintiésemos tristeza. ¿Nos importarían los demás o lo demás?

Es el momento de cambiar nuestra percepción y empezar a aceptar todo tipo de emoción.


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