La estética y la sofisticación de la imagen son parte esencial de la cultura humana, específicamente ligadas al apareamiento y a la producción de afrodisia (aquello que provoca el deseo sexual) o a la afirmación de estatus, y un buen ejemplo de los altos niveles a los que puede llegar el ser humano en este sentido son las tribus de los surma y mursi en Etiopía. Estos pueblos se distinguen por incorporar la naturaleza en forma de pigmentos, piedras, material vegetal y mineral para crear extraordinarios accesorios, máscaras y vestimentas, todos los cuales conjugan con elegancia y a veces con franca exuberancia la figura humana con las posibilidades del entorno.

Como dice el sitio Messy Nessy Chic, “estas antiguas tribus africanas logran crear su propia auténtica moda la cual fácilmente competiría y ciertamente podría influir en los looks haute couture de los Fashion Weeks de todo el mundo”.

Sí, ciertamente podríamos ver estos looks en pasarelas en París o Milán, pero lo notable de esto es la simple espontaneidad, el recurso de la naturaleza que hace recobrar la magia, ese juego de descubrimiento que es a la vez infantil y a la vez erótico. Nos encontramos con la energía del color y la forma y la acción esencial de ocultarse y revelarse.

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