La soledad crónica es más peligrosa que el alcoholismo o la obesidad y puede matar a la persona, ha sugerido el neurocientífico argentino Facundo Manes durante la presentación de su libro ‘Usar el cerebro’.

Con referencia a su obra, que invita a explorar la mente humana para llevar una vida mejor, Manes explica que “sentirse solo es un mecanismo biológico como tener hambre o sed”. Sin embargo, destaca que “la diferencia está en que una persona puede comer o beber y se acaban sus problemas, pero no puede salir a la calle y gritar ‘quiero tener amigos’”.

En su libro Manes afirma que “los actos de cooperación humana activan áreas del cerebro asociadas a la recompensa y el placer”. Subraya que “cuando la misma tarea de cooperación se lleva a cabo con una computadora o un objeto inanimado, y no con otro ser humano, estas áreas dejan de activarse”.
Manes señala que el cerebro es el “único órgano que trata de entenderse a sí mismo”, así que “no puede ser entendido en una conexión aislada, sino en una conexión social”.

El científico subraya la importancia de cuidar de nuestro cerebro en varias formas y dedicarse no solo a mantener los bajos niveles de colesterol, evitar el tabaco, el alcohol, el sobrepeso y el estrés. Sugiere que es crucial hacer algo que “haga bien al cerebro”. La vida social en esa referencia es uno de los puntos clave para llevar una vida mejor.

¿Por qué es importante generar conciencia sobre la importancia de conocer nuestro cerebro?.​ Las enfermedades del cerebro hoy son la causa más importante de discapacidad en el mundo. Más que el cáncer y la enfermedad cardiovascular. Porque cuando uno habla de enfermedades del cerebro, no habla solamente de Alzheimer, de Parkinson, de demencia frontal; habla de ansiedad crónica, de estrés patológico, de insomnio crónico, de depresión, accidente vascular, traumatismo de cráneo, adicciones, bipolaridad, etc. El impacto social de todo lo que hagamos e investiguemos para mejorar el estándar médico en Argentina y en la región, será tremendo en la sociedad mundial.

¿En qué se evidencia ese impacto social?. Por ejemplo, en Estados Unidos se hizo un estudio entre 297 supuestos autores de homicidios. Eran personas que habían sido condenadas y estaban presas. Con el tiempo se supo que esa gente era inocente, a través de material genético en las escenas de crimen que se rescató luego de la condena: ninguno había cometido el crimen. El 70 % había sido condenado por testimonios de testigos. Hoy sabemos que la memoria humana no es algo fotográfico. Cada vez que se evoca, se reconstruye: la memoria no es un fiel reflejo de aquello que pasó, sino más bien un acto creativo. Hoy sabemos también, por ejemplo, que los jueces muchas veces deciden por las emociones. Todas estas investigaciones producen dilemas morales y éticos que no pueden quedar restringidos a los laboratorios de los científicos y neurólogos. Hay que debatir qué hacemos con esto, porque las guerras del futuro podrían producirse poniendo en jaque la mente de los individuos. Otro dilema es el que plantean los estados vegetativos: ¿lo desconectamos o no? Los avances en las neurociencias cognitivas modernas están generando dilemas que no los vamos a poder resolver ni los debemos resolver nosotros, los científicos. La sociedad debe conocerlos y va a tener que involucrarse aunque no le guste en estas cosas.

Eso implica un verdadero cambio de paradigma.Exacto. Porque si entendemos cómo funciona la mente, tenemos herramientas para vivir mejor. Y muchas patologías, como la ansiedad o la depresión, hoy tienen un tratamiento de las ciencias modernas que mucha gente no conocía, y por ahí pasaba años en otro tratamiento que no tiene evidencia científica. La adicción, por ejemplo, es una enfermedad del cerebro, no es un problema moral: así como la hepatitis afecta al hígado, el infarto de miocardio afecta al corazón, la adicción secuestra el cerebro. Y si no entendemos esto, que las neurociencias modernas nos dicen esto, estamos desfasados con lo que pasa en el mundo. Y esto es una tarea de décadas, porque implica entrenar a médicos, entrenar a psicólogos, que vienen quizás con otro paradigma, entrenar a la sociedad y mostrar la investigación y que existimos en el mundo.


Fuente