Nació en Tucumán hace sólo un mes, como una de esas ideas simples que pueden impactar en la vida de muchos: guardar en una heladera la comida que no se consumió en bares y restaurantes para que los que no tienen nada para comer puedan llevarse una porción, de manera gratuita, en lugar de tener que buscar los restos en la basura. La Nación comparte esta nota con nosotros buscando ampliar las redes solidarias.

No pasó mucho tiempo hasta que cientos de personas se sumaron para ayudar y donar. Esa pequeña gran idea tuvo réplicas en Córdoba, San Juan, Jujuy, Salta, Neuquén y en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. Anteayer, finalmente, la heladera social llegó a la Capital, pero será la semana que viene cuando formalmente entre en funcionamiento.

La puerta de vidrio de la heladera tiene un cartel que lo explica: “Retirá sólo lo que necesites”. Los impulsores del proyecto tucumano viajaron a Buenos Aires para comprobar con sus propios ojos cómo esa buena idea revolucionará la realidad de cientos de personas que se llevarán su comida, servida en las mismas condiciones que los almuerzos que compran los oficinistas del microcentro. Anteayer, otros tantos participaron de la gran cena de inauguración que tendió una enorme mesa a lo largo de la Plaza de Mayo, a la que se sentaron los impulsores del proyecto y aquellas personas que están en situación de calle.

“Es muy emocionante ver lo que está ocurriendo. La heladera se convirtió en una especie de puente fantástico entre el vecino al que le quedó un plato de comida sin consumir y al que le faltó”, contó Fernando Ríos, uno de los empresarios gastronómicos tucumanos que impulsaron la idea. Ya ayer, Ríos se reunió con otras diez personas que quieren llevar la heladera social a distintos puntos de la Capital y el conurbano.

La heladera social llegó como una de las partes que integran la campaña #FríoCero, de la Red Solidaria. La ONG agregó otro componente: el primer perchero social, curado por Martín Churba. La iniciativa busca que aquel que necesita una prenda la tome de manera gratuita. “Es un gran aporte”, asegura Martín Cagnola, director de Red Solidaria. El perchero tiene un cartel que explica su funcionamiento: “¿Tenés frío? Llevate uno. ¿Querés ayudar? Poné uno”. La experiencia se repetirá en distintos puntos de la ciudad. En total, habrá 10 percheros en distintas ferias para recibir donaciones y otros cinco para los que necesitan tomar alguna prenda.

La heladera y el perchero funcionarán en la sede que tiene la Red Solidaria en plena Plaza de Mayo, instalada junto a un contenedor intervenido por Milo Lockett, justo frente a la Catedral, a partir del lunes próximo, entre las 20 y las 22. Por el dispositivo de seguridad montado ante la visita del presidente norteamericano, Barack Obama, y la llegada de la Semana Santa, los organizadores debieron correr la fecha de inicio formal de la campaña.

El ejemplo catalán

“Un día, frente a mi restaurante, mientras estábamos cerrando, vimos cómo una familia de cartoneros metía a su hijo dentro de un contenedor de basura. En esos segundos en los que el chico desapareció y quedó ahí adentro se nos heló el corazón. Entonces dijimos: «Algo tenemos que hacer»”, relató Ríos.

Se encontraron con una experiencia similar a la heladera social en Cataluña y no dudaron en tomar el ejemplo. Pero sus abogados les habían aconsejado no impulsar la iniciativa porque en el país no hay una ley que regule la entrega de comida excedente. “Los bancos de alimentos estiman que con la comida que se desecha se podría alimentar a más de medio millón de argentinos. Por eso reclamamos que se trate la ley del buen samaritano, dormida en el Congreso desde hace años”, dijo Ríos. “Es cierto, es un riesgo. Pero nada puede ser peor que sacar la comida de la basura”, señaló su socio, Luis Pondal.

Hace un mes, colocaron una heladera en la vereda de su restaurante e instruyeron a todos los empleados: la comida que se podía servir era aquella que no se había tocado. Pero para eso, debía ser fraccionada, empaquetada y envuelta, con el rótulo de cuándo se elaboró. Muchos restaurantes de San Miguel de Tucumán se sumaron. No pasó mucho hasta que los vecinos empezaron a comprar raciones en los locales para donar. “Hoy el 90% de la comida que se dona proviene de vecinos que nos acercar esa porción de arroz y pollo que quedó de la cena y que ya no alcanza para otra comida de la familia”, explica Ríos.

Pasaron pocos días desde el lanzamiento hasta que la iniciativa se replicó en otras ciudades, como Salta, Córdoba, Chaco y, desde anteayer, la Capital.