Aunque aún estamos lejos de conseguirlo, podemos comer bien y de forma saludable alimentos sostenibles. También podemos comer todos y erradicar el hambre.

¿Comer bien?

Si la industrialización de la alimentación elevó el nivel en lo referente a la higiene, no fue lo mismo en cuanto a la calidad de los productos, que perdieron sabor y aporte nutritivo.

Los alimentos no deben ser materia de la especulación

Modelo productivo dominante:
  • Ganadería industrial en batería a base de química para lograr un crecimiento más rápido de los animales.
  • Selección de frutas y verduras sin sabor en función de su forma y tamaño para satisfacer las normas de conservación y normalización exigidas por el comercio a gran escala
  • Transformación de las recetas para adecuarlas a ingredientes menos costosos.
  • Añadido de innumerables agentes químicos para potenciar el sabor y conservación de los alimentos.
  • Largo etcétera de prácticas y métodos destinados al beneficio económico sin tener en cuenta la salud de las personas y las del planeta.

La química ha conquistado nuestros platos.

¿Comer sostenible?

La forma de vida ha evolucionado de tal forma que propicia un tipo de alimentación basada en productos industriales. Las interminables jornadas laborales no ayudan a llevar una alimentación adecuada si no a todo lo contrario.

La industria de la alimentación privilegia el beneficio económico por encima de al salud

La industria agro alimentaria nos incita a comer demasiado y mal:
  • Productos demasiado dulces
  • Demasiado salados
  • Demasiado grasos.

Una gran parte de la población de los países desarrollados padece obesidad.

Las enfermedades denominadas “de civilización” se han convertido en un factor importante de mortalidad.

¿Comer todos?

Mientras que en los países desarrollados la obesidad bate records todos los años, en el pobre sur hay cada vez más personas malnutridas. Las prácticas productivas dominantes amenazan nuestra capacidad de alimentarnos el día de mañana. La agricultura industrial ha elevado la capacidad productiva pero las consecuencias y los daños colaterales en el medio ambiente han acabado por demostrar el fracaso del modelo.

El uso indiscriminado de productos fitosanitarios amenaza la salud humana, los abonos químicos han contribuido a la degradación de la tierra y el agua.

La desigualdad del mundo comienza en el plato y amenaza el desarrollo de millones de personas.

Ante esta situación, ¿qué esperar?

Estamos ante una grave situación, del norte al sur, desde el huerto hasta el plato.

Sin embargo, cada vez hay más voces que se elevan desde diferentes contextos para reclamar nuevos modelos productivos, para defender la calidad de los productos y su diversidad, para promover una alimentación de calidad que asocie calidad dietética y sabor.

  • Se deben reintroducir una amplia gama de variedades y especies agrícolas mejor adaptadas a cada territorio.
  • Es necesario adoptar nuevas políticas agrícolas asociadas a un cambio de la reglas del comercio mundial.

El librecambismo a favorecido una especialización de las tareas agrícolas cuyos efectos destructores han propiciado el empobrecimiento de miles de agricultores que no ha logrado modernizarse. Además, estos métodos que no tienen en cuenta la sabiduría agrícola, han fomentado el éxodo rural y aumentado la dependencia de las importanciones en países que eran practicamente autosuficientes.

La alimentación es la base del desarrollo

El reto es que todos aprendamos a comer mejor y de forma diferente. Si queremos alimentar a la humanidad en 2050, será necesario reducir la producción ganadera y por consiguiente comer menos carne y menos productos lácteos.

Para producir una ración de carne cuyo aporte en calorías equivalga a 100 gramos de cereales, es necesario dar al animal una cantidad de alimentos equivalente a 300 gramos de cereales.

O alimentamos a los animales o alimentamos a las personas.

Una reducción de un 25% de nuestro consumo de carne bastaría para alcanzar los acuerdos de reducción de emisiones de gas de efecto invernadero establecidos en las sucesivas cumbres sobre el clima (la última, COP21, se celebró en París en diciembre de 2015).

El reto es articular las evoluciones deseables de nuestra forma de alimentarnos con la transformaciones también deseables de nuestras formas de vida.

Otro problema a resolver es el enorme desperdicio de alimentos que tiene lugar durante el ciclo de la cadena alimentaria, en la que se pierde de un 30%  a un 50% de la producción agrícola. Una gran parte de estas pérdidas se producen en nuestros domicilios debido a la acumulación de productos caducados en el frigorífico y al exceso en la cantidad de comida que cocinamos y que acaba en la basura.


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