Es verdad que tener la vivienda aseada y ordenada es el sueño de toda ama de casa.

Sin embargo, muchas veces la limpieza se convierte en una obsesión y puede traer problemas a la salud.

Por otra parte hay que tener mucho cuidado con los productos que empleamos porque una buena parte de ellos son tóxicos y nocivos.

Entérate en este artículo de cuáles son los riesgos de limpiar demasiado.

Cuando la limpieza obsesiona

Todos los excesos son malos se suele decir. Esto se cumple incluso cuando pensamos que hacemos algo por el bien propio y de aquellos que nos rodean.

En el caso de la limpieza en el hogar muchas personas convierten esta tarea en una obsesión enfermiza.

Cuando alguien insiste en asear de manera persistente y ansiosa, cambia su humor o su estado de ánimo si ve un objeto fuera de lugar o puede repasar el mismo sector durante horas es porque padece de una patología.

Este tipo de comportamiento convierte a la persona en un “maniático de la limpieza” y no tiene la capacidad de controlar sus acciones.

La idea del orden y el aseo es lo único que pasa por su mente.

Se habla también de que el individuo padece de un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC, por sus siglas) el cual se caracteriza por una obsesión irracional y una compulsión por cierta actividad o tarea.

En lo referente a la limpieza, puede deberse a una excesiva preocupación por enfermarse o contaminarse.

Por ello la limpieza de ciertos espacios o superficies (como la encimera de la cocina o la mesa del comedor) y el lavado de manos se vuelven una vía de escape para calmar la angustia y la ansiedad.

Cuando hay una obsesión por algo es porque el pensamiento se ve alterado y, así, ciertas acciones se repiten de forma persistente. En muchos casos la persona ni siquiera se da cuenta de su problema o no quiere reconocerlo.

Es necesario prestar atención a algunas señales que nos pueden indicar la presencia de un trastorno obsesivo en relación a la limpieza.

Algunos indicios que no podemos dejar de lado son:

  • Pasarse horas limpiando el baño.
  • Ordenar al milímetro los objetos de la sala.
  • Asear la cocina cada vez que alguien la ocupa.
  • Andar con una rejilla o paño por toda la casa.
  • No poder dormir si algo está fuera de lugar.

Esto no significa que si un día del fin de semana lo ocupamos en limpiar a fondo nuestro hogar tengamos un problema.

La obsesión comienza cuando, por asear, nos perdemos de otras actividades como, por ejemplo, disfrutar del jardín en familia o ir al teatro.

El uso excesivo de productos de limpieza es perjudicial

Sin llegar al extremo de tener una obsesión con el aseo, podemos hablar de otro problema habitual en los hogares actuales: el uso de ciertos productos de limpieza que afectan nuestra salud y la de nuestra familia.

Cuando nos dicen la palabra “contaminación” seguramente pensamos en un lugar lleno de basura o en el smog.

Sin embargo en casa también podemos estar perjudicando al medio ambiente con nuestros hábitos cotidianos de limpieza.

Los riesgos de limpiar demasiado en el hogar

Así como lo estás leyendo. En una casa normalmente guardamos entre 3 y 5 litros de materiales tóxicos en forma de limpiadores y fertilizantes para las plantas.

Los productos de limpieza más usados (el detergente, la lejía, etc.) tienen varios efectos nocivos como:

  • Problemas respiratorios.
  • Trastornos en el sistema endocrino.
  • Irritación ocular.

Los limpiadores contaminan el aire del interior de los hogares (el cual puede estar hasta 5 veces más turbio que el de la calle).

Además no son extraños los casos de sarpullidos, náuseas y quemaduras provocados por estos productos que se supone ayudan a que nuestra casa esté más limpia y desinfectada.

Cuando entran en contacto con la piel o los pulmones, los artículos de limpieza pueden ocasionar daños como por ejemplo alergias o intoxicación.

Tampoco podemos olvidar el uso de detergentes para la ropa, los cuales traspasan a la dermis y cuyas sustancias respiramos cuando usamos las prendas.

El detergente que empleamos para lavar los platos y las tazas contiene una sustancia llamada dioxano que es la principal contaminante de las aguas subterráneas.

Su toxicidad es muy elevada y no se degrada tan fácilmente como otros componentes.

limpiadores

La lejía y sus efectos en la salud

La lejía está considerada como el limpiador más potente que existe, pero no es inocuo en lo absoluto.

Descubierta en 1774, puede usarse para blanquear ciertos materiales y, como es soluble en agua, se emplea en la limpieza del hogar desde hace varios años.

El poder antibacteriano de la lejía (cloro o lavandina) es muy potente.

Sin embargo, en lugar de pensar que es nuestra salvación a la hora de matar microorganismos que nos enferman, debemos recordar que su uso a largo plazo también afecta nuestro sistema inmunitario (porque no sabe diferenciar las bacterias buenas de las malas).

Además la lejía produce quemaduras en la piel, irritación de los ojos y las mucosas, reacciones respiratorias y descenso de presión de oxígeno en sangre.

Sobre todo es perjudicial para los niños menores de 12 años, en quienes eleva la posibilidad de sufrir problemas como sinusitis, neumonía o bronquitis.

Como si todo esto no fuese suficiente, el cloro o lejía desequilibra el medio ambiente y contamina los suelos, el agua y el aire.


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