La leche materna es el alimento ideal para el bebé hasta los cuatro a seis meses de vida, ya que el recién nacido posee un aparato digestivo inmaduro y la leche materna le protege frente a infecciones y alergias. Leche materna vs. leche de inicio Sin embargo, en algunas ocasiones la madre no quiere o no puede amamantar a su bebé y es necesario utilizar una leche de inicio. Este tipo de leche se puede administrar, como único alimento, desde el nacimiento hasta los seis meses de vida, sustituyéndose por la leche de continuación a partir de esta edad. La leche de inicio se elabora a partir de la leche de vaca, introduciendo modificaciones para asemejarla a la leche materna. Los principales cambios se basan en disminuir la concentración de proteínas, sustituir parte de la grasa láctea por grasa vegetal y añadir lactosa (el azúcar de la leche) y vitaminas. La leche materna aporta a los bebés unos 0,9 g de proteínas por cada 100 mL y la leche de vaca tiene una cantidad excesiva de proteínas, con 3,3 g por cada 100 mL, cantidad que no pueden asimilar los bebés, por lo que se modifica en la fórmula de estas leches. En este sentido, la relación suero/caseína se iguala a la de la leche materna 60/40 y también se enriquece con hierro. Otras sustancias que puede contener la leche de inicio, según cada fabricante, son:

  • Nucleótidos: son moléculas que tienen muchas funciones clave en los procesos bioquímicos de las células del organismo. Son reguladores metabólicos y parte integral del sistema inmunológico, parte importante en la síntesis de proteínas, y tienen efectos en el microambiente intestinal y en la absorción y metabolismo de ciertos nutrientes, sin olvidar que son los ladrillos de las moléculas que guardan la información genética, necesaria para mejorar la respuesta inmune y el desarrollo intestinal.
  • Carnitina: es un aminoácido no esencial que se forma en el organismo a partir de otros dos aminoácidos: la lisina y la metionina. La carnitina se encarga del transporte de ácidos grasos a la mitocondria. Colabora en el correcto desarrollo cerebral, en la maduración del sistema nervioso central y en la composición de las membranas celulares.
  • Taurina: es un aminoácido derivado de otro llamado cisteína y actúa sobre el desarrollo de la función visual y en la maduración del sistema nervioso central.

Leches de continuación Se administra a partir de los seis meses de edad y se puede mantener hasta que el niño cumple un año y medio. Este tipo de leche se caracteriza por estar suplementada con hierro, mayor cantidad de proteínas, grasas e hidratos de carbono. La leche de continuación se emplea junto a la introducción de las papillas en un tipo de alimentación mixto, cuando se empieza a realizar lentamente el cambio de alimentación.

  • Complementos opcionales de estas leches: en el comercio existen actualmente otras leches de inicio y continuación que están enriquecidas con ciertos componentes para mejorarlas. Entre estos componentes se encuentran:

o   Prebióticos: ingredientes no digeribles que estimulan el crecimiento de bacterias en el colon. Estimulan el crecimiento de bifidobacterias en el aparato digestivo, lo que previene las diarreas y el estreñimiento. o   Probióticos: son microorganismos vivos que mejoran el equilibrio de la flora intestinal, previenen las diarreas, mejoran el sistema inmunitario y mejoran la digestibilidad de la lactosa. Fórmulas especiales Son leches que se elaboran para niños o lactantes con problemas. Existen leches sin lactosa, con proteínas hidrolizadas (predigerida) o con mayor densidad y viscosidad para problemas de regurgitación. Alimentos semisólidos A partir de los cuatro o seis meses se debe complementar la lactancia con la ingesta de otros alimentos, como los cereales, frutas, verduras, carne, huevo o pescado, que se irán introduciendo en la dieta de forma paulatina. Papillas Se elaboran con cereales o frutas o ambos. Los cereales deben ser sin gluten y se comienza por una textura casi líquida en biberón hasta alcanzar la textura apropiada para darla con cuchara. La papillas de frutas se suelen dar en la merienda mientras que las de cereales sustituyen la toma del desayuno o la cena. Para preparar las papillas se pueden emplear leches de continuación o materna. Purés A partir de los seis meses se introducen las verduras, la carne y el pescado que se elaboran en forma de purés con consistencia semisólida. Se deben cocinar sin sal, con aceite de oliva y en la olla a presión para que no se pierdan los nutrientes.

Preferiblemente se deben elegir productos frescos. Los purés se pueden congelar para varios días, pero es importante tirar los restos que deje el niño, pues pueden proliferar las bacterias de la cuchara utilizada para darle el puré. Se empieza por un puré de patata y zanahoria, en dos días se introduce el calabacín, en dos días se sustituye por la calabaza, y esta a su vez por la judía verde dos días después, y así con el puerro, con lo que al principio siempre existe una base de patata y zanahoria. La carne y el pescado deben cocerse al vapor o hervirse y triturarlos muy bien. Luego se le añade al puré de verdura. Potitos Aunque los purés y papillas preparados en casa son perfectos para alimentar al bebé, en ocasiones se recurre al consumo de tarritos comprados en farmacias o en tiendas de alimentación. Los potitos tienen una gran variedad de sabores y texturas, y su fácil preparación los convierte en un alimento muy popular. Es importante revisar cuidadosamente la fecha de caducidad y comprobar que esté correctamente envasado, para lo cual se debe verificar que la tapa del frasco esté ligeramente hundida y firme en el centro como garantía de que no ha sido abierto. Además, se debe limpiar la tapa antes de abrirla, para evitar que la suciedad externa entre en el alimento. Una vez abiertos, los potitos se deben guardar en la nevera. Los alimentos que incluyen pollo, carne, pescado o huevos se pueden conservar durante 24 horas una vez abiertos, mientras que los que contienen frutas y verduras se mantienen frescos 48 horas.


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