El amor es ese motor indispensable que alimenta los vínculos entre una madre, un padre o cualquier otro cuidador con un niño.

Toda criatura que viene al mundo necesita no solo alimento, cobijo y seguridad. El afecto sincero es tan necesario que, en caso de fallar o de estar ausente, genera graves problemas en el desarrollo del niño.

Es muy posible que ya hayas oído hablar del trastorno del vínculo. Es un tema delicado a la vez que complejo, y por ello merece la pena ahondar en él para entender todos los aspectos en las que influye el amor en la correcta maduración de nuestros hijos.

Hoy en nuestro espacio te invitamos a saber más sobre este tema tan interesante, y a alimentar cada día a tus hijos de ese amor sincero y sin concesiones, capaz de guiarles en fortaleza y libertad para hacer de ellos personas maduras capaces de construir su felicidad.

El delicado pero poderoso lazo del amor entre la madre y el hijo

La unión entre una madre y un hijo se crea ya a nivel uterino con ese cordón umbilical capaz de proporcionar no solo alimento.

Ese refugio cálido y excepcional contenido en la placenta es también un transmisor de emociones entre ambos que vale la pena tener en cuenta y propiciar de forma positiva.

El vínculo que se crea tras el nacimiento

En los últimos años se ha descubierto también la importancia de que el recién nacido permanezca durante el mayor tiempo posible sobre la piel de la madre nada más venir al mundo.

En ocasiones, los partos se vuelven tan protocolarios que el bebé pasa de mano en mano para, después, ser lavado y entregado a su madre cuando esta despierta tras la anestesia.

Son muchos los estudios que se han llevado a cabo sobre el tema concluyendo con lo siguiente:

  • El recién nacido debe entrar en contacto con la piel de la madre para construir ese vínculo afectivo.
  • Los bebés interpretan el mundo desde sus sentidos, y la temperatura del tórax de la madre genera al instante una sensación de cálida seguridad que tranquiliza de inmediato al niño.
  • En la madre se segrega al instante oxitocina, que es una hormona relacionada directamente con el amor, la necesidad de cuidado y de afecto entre la madre y el hijo.

Además, cuando un bebé se amamanta por primera vez de su madre, las propias oxitocinas generan también mayor producción de leche.

Es fundamental que, cuando un bebé acaba de nacer, permanezca un buen rato piel con piel con su madre. Es un modo excepcional de construir el vínculo.

El trastorno del vínculo

Todos sabemos que factores como el abandono, la falta de afecto sincero, el maltrato o una educación severa o con grandes altibajos donde no se ofrece seguridad al niño generan graves problemas en su mundo emocional.

El trastorno del vínculo se da cuando se ha producido ciertas rupturas traumáticas en el lazo afectivo entre el niño y sus progenitores en las etapas más tempranas.

Todo ello, tiene graves consecuencias a nivel evolutivo en la propia criatura, puesto que es común que sufran desde hiperactividad hasta estrés postraumático, sentimientos de ira…

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Ahora bien, lo que ya resulta algo más complicado es intuir que, en ocasiones, nuestros hijos también pueden percibir cierta carencia del vínculo afectivo en las siguientes situaciones:

  • Hay niños que, en caso de ser dejados en guarderías en edades muy tempranas debido a las obligaciones laborales de los padres, sufren una gran ansiedad y lo viven de modo traumático.
  • Podemos tener varios hijos, sin embargo, cada uno tendrá unas necesidades. De ahí que algunos puedan ser más celosos y sentir “más necesidad de afecto” que otros.
  • Hay bebés que deben pasar cierto tiempo en incubadoras u hospitales, y ello también puede generar una impronta de estrés al quedar alejados de la figura materna.

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Son muchas las situaciones en las que un niño puede sufrir “trastorno del vínculo”.

No debemos culparnos si en algún momento nuestro hijo lo experimenta puesto que, como hemos dicho, hay niños con más necesidades que otros y ello es algo que debe intuirse.

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Podemos combatir el trastorno del vínculo mediante el apego, esa unión afectiva saludable, fuerte, respetuosa y segura que puede conseguirse de las siguientes formas:

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  • Mantén el contacto físico con el recién nacido: la lactancia materna es muy positiva, así como las caricias, los abrazos, las palabras cariñosas…
  • Atiende los llantos de tu bebé.
  • A medida que crezcan, no dudes en hacerles sentir que los quieres. Habla con ellos, da respuesta a sus cientos de preguntas, apaga sus miedos, da alas a sus sueños, ofréceles seguridad y herramientas para que fortalezcan su autoestima.

 

El vínculo es un lazo invisible nutrido por el amor. Es el cordón umbilical que siempre te unirá a ellos y que debe cuidarse cada día.

Una unión fuerte alimentada de afecto ofrece al mundo niños fuertes capaces de alcanzar sus sueños.


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