A los 12 años, Juan Bruschi escuchó de boca su padre una pregunta que marcó su vida: “¿Querés trabajar o estudiar?”. Días más tarde estaba arriba de un tractor y con las manos en la tierra. Las hortalizas eran el único sustento familiar. Juan mecanizó una rutina que ya para esa época, década del 80, incluía muchas sustancias químicas. Durante una fumigación, se intoxicó al rociar la producción con un pesticida muy potente. Aquel día comprobó con su cuerpo la toxicidad de lo que el hombre arroja en los suelos.

Hoy Juan tiene 53 años. Sigue con las manos en la tierra, pero produce sin agroquímicos. Es uno de los nueve emprendedores que desde mediados del año pasado participan del programa municipal Cinturón Verde, que busca jerarquizar la actividad hortícola y lograr productos libres de tóxicos. “Yo lo viví desde adentro, nadie me tiene que contar el daño que le estamos haciendo a la tierra con el actual modelo productivo. Estamos dañando la naturaleza y nos estamos intoxicando con lo que comemos”, reflexiona.

El uso del suelo y las formas de producción aparecen en la agenda de la provincia y el municipio en el 2017. Las últimas inundaciones aceleraron un debate incómodo para todos los eslabones de la cadena productiva. En las próximas horas, el gobierno provincial anunciará una batería de medidas para intervenir en el uso del suelo. “En ninguna parte del mundo uno puede hacer lo que se le antoja con el suelo y los recursos naturales, salvo en Argentina”, resumió el ministro de Producción Luis Contigiani.

Fomentar la agricultura sustentable en toda la provincia aparece en el paquete de objetivos. Juan asegura que se puede cuidar la tierra y a la vez obtener rentabilidad.  Experimentó ambos modelos. Treinta años en uno, en el que predomina en el 90% de los campos del país, y esta última etapa en el otro, alternativo y libre de agroquímicos.

Trabaja codo a codo con su hijo de 28 años, el encargado de continuar el legado familiar. La huerta está ubicada en Rivarola al 8000 (zona oeste), pegada a la nueva Alcaidía. “En el 2005, el Estado me expropió siete hectáreas para esta construcción. Hoy me ayuda para cumplir el sueño de producir sin agroquímicos” cuenta.

La imposibilidad de doblegar al sistema hizo que Juan abandonase la actividad durante algunos años. Cambió la tierra por los camiones y las hortalizas por el cordón industrial. Pero la sensación al momento de volver a casa nunca se modificó. El medio ambiente cada vez más deteriorado y el hombre cada vez más responsable de su destrucción.

“Hace un tiempo retomé con la agricultura con la idea de hacer algo distinto, empecinado en producir sin agroquímicos”, le explica a Rosarioplus.com. Fue así que se anotó en el programa municipal Cinturón Verde, una iniciativa local para acompañar con recursos, capacitaciones y maquinarias a estos osados emprendedores.

“La gente consume verduras creyendo que se está comiendo sano, pero esto es a medias. Muchos están contaminados con agrotóxicos. Yo hoy no me comería una lechuga si no sé de donde viene. Hay un muy mal uso de los pesticidas”, señala.

¿Por qué no se cuestiona el actual modelo de producción? Para Juan se mezclan razones económicas y culturales. “Está la rentabilidad de por medio y el negocio millonario detrás de los agroquímicos. Pero también hay patrones y tradiciones culturales que son muy difíciles de romper”, analiza.

Las experiencias recientes marcan que se necesita un Estado “activo y comprometido” para lograr “transformaciones profundas”. “Necesitamos que el Estado, en todos sus niveles, se involucre en esta problemática. Hay que concientizar a la gente que existe otra forma de producir y consumir. Va más allá de la salud, tiene que ver con el medio ambiente, con la biodiversidad, con el ecosistema”.

900% más de agroquímicos que hace 20 años

Investigadores argentinos lograron cuantificar el incremento de agroquímicos en la cuenca del río Paraná durante las últimas dos décadas: el uso creció un 900% con la introducción de cultivos transgénicos y técnicas de siembra directa.

La conclusión puede leerse en el trabajo titulado “Presencia y destino de pesticidas en el tramo argentino de la cuenca de los ríos Paraguay-Paraná” publicado semanas atrás en revista científica internacional Environmental Monitoring and Assessment. Sus autores, M. Etchegoyen, A. Ronco, P. Almada, M. Abelando y D. Marino son investigadores científicos del Conicet

Tomaron muestras en 22 lugares diferentes de la cuenca en dos campañas distintas. “Todas las concentraciones detectadas en el agua estuvieron por encima de los niveles recomendados para la protección de los ambientes acuáticos”, reza el informe.

“La actividad agrícola –se explica– es la fuente de las cargas de contaminación por plaguicidas, transportadas por afluentes que llegan al curso de agua principal y alteran la calidad del ecosistema acuático”.


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