La mente inquieta no deja tregua ni descanso. Saltamos de preocupación en preocupación, de un miedo a una ansiedad.

Poco a poco tejemos redes tan complejas en nuestro cerebro que perdemos ese maravilloso privilegio llamado paz interior.

Ahora bien, es posible que muchos confundan el concepto de mente inquieta con curiosidad y productividad.

Si bien es cierto que esa energía interna en ocasiones es reflejo de las ganas de aprender, la mayoría de las veces dicha inquietud es, en realidad, ruido mental.

Es confusión, cansancio e infelicidad.

A menudo, suele decirse aquello de queno hay peor enemigo que el que uno mismo crea en su mente”.

Sin embargo, más que verlo como una responsabilidad nuestra en exclusiva, este estrés interior debemos percibirlo como una sutil combinación de muchas cosas.

A continuación, te proponemos reflexionar sobre ello para que encuentres la calma. Es fácil de llevar a cabo, solo se exige un ingrediente esencial: voluntad.

La mente inquieta y el océano turbulento de nuestro cerebro

Uno de los libros más conocidos al respecto de estas situaciones tan complejas donde el ruido mental se entremezcla con la depresión es el de Kay Jamison.

Esta psiquiatra de la Universidad John Hopkins de Baltimore (Estados Unidos), explica su caso particular en este interesante trabajo.

Desde niña, siempre fui propensa a la inestabilidad afectiva y emocional. La tristeza me acompañó en la adolescencia y, al iniciar mi vida profesional, caí en ciclos inexorables entre el miedo, la ansiedad y en esa mente inquieta que apenas me dejaba vivir.

“La mente inquieta”, Kay Jamison

Seguidamente, y si te sientes reflejado en estas sencillas líneas, no dudes en tener en cuenta 5 dimensiones que pueden servirte de ayuda.

1. Retira pesos innecesarios

Los tienes, aunque no los ves. Tan pronto como te des cuenta de todos los pesos que llevas en tu mente te sentirás mejor.

  • Estás rodeado de personas que, lejos de aportarte cosas, te quitan tu energía.
  • Es posible que estés priorizando aspectos que no son beneficiosos para ti.
  • Entiende que “menos siempre es más”.

2. Detente un instante y toma aire, apaga el ruido mental

El ayer ya no está. El pasado no se puede editar y el futuro aún no existe. Así pues, centra toda tu atención en el aquí y ahora, ahí donde te encuentras en estos mismos instantes.

  • Deténte y toma aire. Cógelo con fuerza y retenlo cinco segundos. A continuación, exhala de forma sonora.
  • Este sencillo ejercicio lo creas o no libera tu mente, la oxigena y te permite entrar en calma.
  • Cuando el cuerpo se siente bien es momento de conectar contigo mismo.
  • A continuación, pregúntate con humildad qué quieres, qué buscas, qué no quieres, a qué aspiras.

Sería adecuado que practicaras este ejercicio cada día, nada más levantarte.

flores en forma de corazón representando la belleza de existir

3. Construye muros protectores

La mente inquieta sufre porque es muy permeable. Porque deja que entren las preocupaciones ajenas, los egoísmos, los intereses de quienes nos rodean.

Cuando esa energía negativa irrumpe en nuestro interior se entremezcla con nuestras debilidades personales. La combinación es temible.

Es necesario poner muros de la siguiente forma.

  • Me alejo de que aquello que no está en mi sintonía. No quiero egoísmos, no quiero falsos intereses.
  • Alzo muros para quien me trae tormentas en días de calma.
  • Construyo paredes para quienes no me respetan. Los perdono y los dejo ir.

4. El silencio que repara

Una vez al día y, al menos, durante hora y media o dos horas, necesitas un baño de silencio absoluto.

  • Estos momentos de tranquilidad y paz interior nos permiten conectar con nuestras necesidades para calmar la mente inquieta.

Porque la mente nerviosa que salta de agujero negro en agujero negro se ha olvidado de atenderse a sí misma. Ya no recuerda cuánto vale o lo importante que es.

  • Relájate en medio del silencio y apaga los miedos, las voces internas. Permite que te arropen emociones como la satisfacción, la paz interior y el equilibrio entre la mente y el corazón.

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5. Cultiva la gratitud

Esta dimensión es, sin duda, la más complicada de llevar a cabo.

Relájate y reflexiona sobre los siguientes aspectos:

  • Si te sientes mal por personas que no te quieren bien, aléjate. La solución puede ser simple, aunque requiere valentía.
  • Si lo que sientes ahora es malestar, da una vuelta de tuerca a través del pensamiento. Elige no encontrarte así; apaga lo que sientes y recuerda lo que mereces.
  • Agradece las cosas pequeñas que te envuelven y que, tal vez, hayas descuidado.
  • Da las gracias por estar bien físicamente, por tener a tu lado a ciertas personas que sí amas, que sí te aman.
  • Aprende a dar las gracias por cada día nuevo. Porque son nuevas oportunidades que se abren en tu horizonte para que logres aquello que deseas.

Ser feliz, estar en calma, en equilibrio.


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